CUANDO EL FANATISMO SE DISFRAZA DE LIBRE PENSAMIENTO
🗓️09 Oct 2026 🌐 Opinión 👩🦱 Víctor Manuel Salazar Salas 📊 1033 vistas
Por Víctor Salazar | Columna de opinión
La libertad de pensamiento es uno de los derechos más valiosos de cualquier sociedad civilizada. Sin embargo, existe una enorme diferencia entre cuestionar una religión y convertir el desprecio hacia sus creyentes en un espectáculo público, especialmente cuando las provocaciones pueden transformarse en amenazas contra la integridad de las personas.

En días recientes se ha señalado a la cuenta de X @dejoselapiz por la presunta difusión de un video en el que su autor se burla de la Sagrada Eucaristía y del vino consagrado, se refiere ofensivamente a la Iglesia católica como una «ramera» y, lo más preocupante, supuestamente ofrece dinero para que un sacerdote, al que llama despectivamente «sotanudo», sea linchado.
Si estas expresiones se confirman, estamos ante algo mucho más grave que una simple provocación religiosa.
Nadie está obligado a creer en Dios, respetar los dogmas católicos o pertenecer a una institución religiosa. Pero tampoco nadie tiene derecho a convertir sus diferencias ideológicas en una invitación a ejercer violencia física contra quienes profesan una fe distinta.
Resulta especialmente contradictorio que alguien que presume ser librepensador, masón e iluminado pueda recurrir a la intolerancia que supuestamente dice combatir. La libertad intelectual no consiste en humillar al creyente ni en justificar su persecución. Y si efectivamente se ha declarado integrante de la masonería, conviene recordar que sus expresiones personales no representan necesariamente el pensamiento de quienes pertenecen a esa organización.

El fanatismo no es exclusivo de las religiones. También existe entre quienes presumen haber superado todas las creencias, pero terminan convirtiendo sus propias ideas en dogmas de superioridad.
Surgen preguntas inevitables: ¿qué motiva semejante hostilidad contra el catolicismo? ¿Se trata de resentimiento personal, una estrategia para ganar notoriedad o una campaña deliberada de provocación? ¿Actúa por iniciativa propia o existen intereses detrás de sus publicaciones?
No tenemos respuestas verificadas. Y precisamente por eso sería irresponsable inventarlas, atribuirle financiamiento desconocido o especular sobre su salud mental.
Lo que sí merece una investigación seria es cualquier ofrecimiento económico destinado a promover una agresión contra un sacerdote. Si existen pruebas de amenazas o instigación a la violencia, corresponde a las autoridades competentes, incluida la Fiscalía General de la República cuando exista competencia federal, investigar los hechos y determinar las responsabilidades legales.
Porque una cosa es ejercer el derecho a la crítica, incluso mediante expresiones ofensivas, y otra muy distinta es promover un linchamiento. La historia ha demostrado demasiadas veces cómo los discursos de odio religioso pueden alimentar persecuciones, enfrentamientos y tragedias colectivas.
REFLEXIÓN FINAL: ¿DÓNDE ESTÁN LOS LÍMITES DE LAS REDES SOCIALES?
Hay una última pregunta que merece una respuesta pública.
¿Por qué las plataformas digitales, capaces de restringir cuentas por publicaciones de menor gravedad, permitirían que permanezcan visibles mensajes que, de comprobarse las denuncias, podrían estar alentando una agresión física?
¿Dónde termina la libertad de expresión y dónde comienza la responsabilidad de impedir que las redes sociales se conviertan en instrumentos de intimidación?
La libertad de expresión debe proteger incluso las opiniones que nos incomodan. Pero no puede utilizarse como escudo para promover violencia contra un ser humano por sus convicciones religiosas.
No necesitamos nuevas guerras de religión, ni inquisidores modernos disfrazados de iluminados. Necesitamos ciudadanos capaces de disentir sin odiar y autoridades capaces de actuar cuando las palabras se convierten en amenazas.
Porque quien necesita humillar, perseguir o linchar a otro para demostrar que posee la verdad, probablemente no está defendiendo la libertad de pensamiento: está reproduciendo aquello que tanto dice despreciar.
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