El cristianismo no es Moisés: es Cristo (y muchas sectas lo olvidaron)
🗓️01 Ene 2026 🌐 Opinión 👩🦱 Administrador 📊 1118 vistas
Columna de Opinión
Por: Víctor Salazar
Existe hoy una paradoja inquietante: muchos que se llaman cristianos no viven el cristianismo. Se presentan como defensores de la “pureza bíblica”, pero en la práctica regresan a la Ley de Moisés, una ley que Cristo vino a cumplir, corregir y superar, porque había sido mal interpretada y usada para oprimir al pueblo.
Esto no es una opinión moderna. Es Nuevo Testamento puro.
Jesús no fue un reformador legalista. Fue un rupturista. Su mensaje no consistió en reforzar reglas, sino en liberar al ser humano de un sistema religioso que asfixiaba en nombre de Dios. Por eso chocó frontalmente con los fariseos, los escribas y los doctores de la Ley. No por inmoralidad, sino por hipocresía religiosa.
“El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado”
(Marcos 2:27)
Esa frase sola derrumba el legalismo sectario moderno.
Cristo no abolió la Ley: la desenmascaró
Cuando Jesús dijo que no venía a abolir la Ley, sino a cumplirla, no estaba restaurando el mosaísmo, sino revelando su verdadero sentido, que había sido deformado. La Ley se había convertido en un fin en sí mismo, no en un medio para la vida.
Por eso Jesús hace algo impensable para un judío legalista:
perdona pecados sin Templo,
cura sin ritual,
se sienta con pecadores sin purificación,
y pone al ser humano por encima de la norma.
Eso no es continuidad.
Eso es ruptura redentora.
El Dios que Jesús revela no es el dios tribal
Jesús es aún más radical cuando habla de Dios.
Nunca lo presenta como un dios tribal, local, vengativo o etnocéntrico. Jesús revela al Padre que está en los cielos, no a un dios nacional encerrado en una ley étnica.
“Habéis oído que se dijo… pero yo os digo”
(Mateo 5)
Esa fórmula es explosiva. Jesús se coloca por encima de la interpretación mosaica y revela un Dios que:
-
ama a enemigos,
-
hace salir el sol sobre justos e injustos,
-
y no se complace en sacrificios, sino en misericordia.
Ese Padre no es compatible con el legalismo sectario que hoy quiere revivir el Antiguo Testamento como norma absoluta.
Los apóstoles lo dejaron claro (aunque muchos no quieran leerlo)
El libro de Hechos de los Apóstoles resuelve el debate de forma definitiva.
En Hechos 15, los apóstoles enfrentan exactamente el mismo problema actual: cristianos que querían imponer la Ley de Moisés a los creyentes. ¿La respuesta?
“¿Por qué tentar a Dios poniendo sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?”
(Hechos 15:10)
Eso es devastador para el legalismo moderno.
Los apóstoles rechazan imponer la Ley mosaica, porque Cristo inauguró una nueva alianza, no un judaísmo reformado.
San Pablo lo dice sin rodeos:
“Cristo nos redimió de la maldición de la Ley”
(Gálatas 3:13)
Y aún más fuerte:
“Para libertad nos liberó Cristo”
(Gálatas 5:1)
Entonces, ¿qué hacen hoy muchas sectas?
Hacen exactamente lo que Pablo combatió:
-
vuelven a la Ley,
-
niegan la Tradición apostólica,
-
reducen el cristianismo a reglas,
-
y llaman “paganismo” a todo lo que no controlan.
No siguen a Cristo.
Siguen a un sistema religioso que Él vino a superar.
Por eso atacan la Navidad.
Por eso rechazan la Encarnación vivida en la historia.
Por eso temen a la Iglesia que preservó la fe más allá del texto.
Conclusión incómoda
El cristianismo no es Moisés,
no es literalismo,
no es legalismo,
no es miedo.
El cristianismo es Cristo revelando al Padre y abriendo un camino de salvación que no pasa por la ley, sino por la gracia.
“La letra mata, pero el Espíritu da vida”
(2 Corintios 3:6)
Quien vuelve a la Ley, abandona la libertad.
Quien ataca la Navidad, niega la Encarnación.
Y quien se dice cristiano pero vive como fariseo, no entendió a Cristo.
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